El muerto

En la sabana hace calor, mucho calor, un calor insoportable, y por ser sabana hay pocas sombras en las que cobijarse. Bueno, hay acacias, pero las muy cabronas tienen unos pinchos que impiden compartir contigo su poca y mala sombra.

En esas estábamos el grupo de farangi (derivado de french; para los etíopes es la palabra para designar a todo occidental, que putada! excuse moi…) intentando encontrar un hueco entre la maleza para orinar o defecar, cada uno buscándose torpemente la vida para no engancharse con las acacias, pisar una mierda de búfalo o simplemente exponer su trasero a la vista del resto del grupo (no sé si tirar el papel al suelo o no, si esconder la mierda o que, supongo que pa’ algo servirá el dios de la lluvia ¿no?)

Total, el cuadro general es el siguiente: los vehículos 4×4 aparcados, qué digo aparcados, simplemente parados en medio del camino, qué digo camino, la música reggae etíope a toda leche, los conductores como siempre de guasa y bailoteando en cada parada y los farangi por ahí… explorando…

Suena el teléfono satélite:

– Do you speak english?
– Yes – digo (coño claro, pienso)
– ¡¡¡El coche cocina esta en medio del río y está en peligro, venid lo antes possible!!! Run!!!!Come on!!! Hurry up!!!!

¿Río? ¿Qué río?

Le digo a Endalk, mi conductor, que su amigo Solomon está en peligro en medio de un río. ¿Qué río ostia? No acabábamos de comprender…. Avisamos al resto de que vamos a salir pitando con el coche 1 al rescate del coche cocina y que ya vendrán detrás cuando terminen de dinamitar el paisaje.

Nunca he viajado tan rápido por la sabana. Endalk cogía el volante como si fuésemos a despegar y es que Solomon es su mejor amigo desde la infancia, Solomon le consiguió este trabajo con el que mantiene a 7 hermanos y Solomon es para él más que un hermano. No importaban los baches, los charcos, las piedras…Buscábamos un río en medio del camino y tras 30 angustiosos minutos llegamos al maldito río. De hecho se trataba del desbordamiento del río Kibish, el que abastece de agua a la tribu de los Surma, y el riachuelo que normalmente cruzamos sin dificultad a la altura de las llantas ahora media más de metro y medio.

Este verano ha llovido mucho en todo el mundo, inundaciones en Pakistán, China, Murcia, Jaén… y también en Etiopia. De hecho este verano hemos comido mucho barro…se me está quedando una piel suavísima!

El cuadro que nos encontramos al llegar no lo olvidaremos jamás ni el conductor, ni el guía etíope, ni yo, ni los dos farangi que iban en el coche conmigo, Ricardo y Alberto, que como buenos profesionales no tardaron en sacar la cámara: el coche cocina, un Toyota Land Cruiser de los míticos, en medio de una vaguada, el agua marrón golpeándolo con una fuerza enorme, entrando por la ventana y saliendo por la puerta del conductor que estaba abierta (intenté imaginarme a Solomon y Tagu, la cocinera, saliendo por esa puerta agarrándose al coche para no ser arrastrados), el coche repleto de agua por dentro, las chanclas flotando. Ella estaba fuera del agua, en tierra firme, completamente empapada, no sabe nadar. Solomon estaba dentro del agua, en calzoncillos, intentando atar una cuerda al coche para sujetarlo a un árbol (bendita acacia) porque las ruedas laterales derechas no tocaban al suelo y la fuerza del agua estaba consiguiendo volcar el coche hacia la izquierda y podría acabar llevándoselo. Endalk le tira la cuerda para sujetarlo mientras Solomon se agacha de cara a la corriente para vencerla, sin poder atar la maldita cuerda. Le doy ropa seca a Tagu, y un beso.

Lo surrealista de la historia empieza ahora. Aparece un Toyota Ranchera por el mismo camino tripulado por dos militares etíopes y en la parte trasera descubierta iban tres chicos de la etnia Dizi y una mujer y un hombre, ambos Surma.

M.A., así bautizamos al militar conductor del Toyota Ranchera por su similar comportamiento al negro del Equipo A, rápidamente se desnuda y se mete en el río para ayudar. En esas que llegan nuestros coches con el resto del grupo y todos manos a la obra a colaborar tirando de la cuerda, quitando piedras del camino, animando al personal, etc. Por un momento me quedé alucinada observando la escena: Surmas, Dizis, Etíopes y Farangi unidos para rescatar nuestra comida.

Una torpe acción de M.A viene a continuación. Saliendo del agua con su panza, en calzoncillos y descalzo, se clava una piedra en el pie, se agacha, la coge y la lanza hacia atrás sin mirar con la mala suerte de que golpea y rompe por completo la luna trasera del coche cocina. Lo que faltaba, más agua. Lo mejor fue la cara de Solomon, no cambió ni lo más mínimo, pura resignación africana. Recuerdo que la mujer Surma, sentada en el suelo al estilo Surma, se echó a reír. Yo me echaba las manos a la cabeza.

Finalmente conseguimos atar la cuerda al coche cocina y al Toyota Ranchera de M.A., quien consigue remolcar el coche hacia fuera con gran dificultad (todos empujando, llenos de lodo, aunados por la causa, otros, claro, haciendo fotos). Sacamos el vehículo y todos contentos, no arranca pero todos contentos.

– ¿Cómo se te ocurrió, Solomon, intentar cruzar?
– Llegué, vi el río, me paré una media hora. Al rato llegaron dos Nissan Patrol que pasaron sin dificultad porque el motor expulsa el agua, así que intenté cruzar yo también pero en medio del río se me paró el motor. Lo siento. Fueron ellos los que te llamaron al teléfono satélite.

El grupo intenta animar a Solomon. Para ellos esto es más divertido que el programa por el que han pagado.

Y empieza la segunda parte. Mientras empujábamos todos la ranchera para remolcar nuestro coche fuera del agua vimos que había un plástico azul en la parte trasera con algo largo envuelto dentro. Le pregunto al militar compañero de M.A., que empujaba a mi lado, que qué era ese plástico.

– Es el marido de la mujer Surma. Esta muerto. -me dice Murdok impasible.
– ¿Qué dices tío? ¿Lleváis un muerto en la ranchera?

El resto del grupo me oye. Con ojos como platos miramos todos al plástico azul. Efectivamente era un largo cuerpo envuelto en un plástico azul atravesado diagonalmente en la parte trasera.

– Que fuerte- dicen unos.
– Esto se pone cada vez más interesante – comentan otros.

Me puedo imaginar que mi cara tampoco tenía desperdicio.

Por lo visto, el muerto Surma era un tipo importante dentro de su clan y había fallecido mientras estaba de visita en otro poblado. Probablemente habían necesitado dos o tres días para desplazarse caminando así que no se toman un café y se vuelven de nuevo a casa, sino que se quedan varios días en el lugar que quieren visitar. La mujer quería enterrarlo en su poblado de origen, como es costumbre en todo lugar, así que hizo autostop con el cadáver y acompañada por un chaman Surma que haría los honores en el entierro. Murdok y M.A los subieron al coche y allí estábamos todos. Lo Dizi iban también con ellos porque iban hacia el sur a pactar la compra de ganado. Como es habitual en África, un vehículo, varios propósitos.

M.A. decide que es hora de continuar.
– ¿Vais a cruzar?
– Tenemos que irnos.
– No quiero mirar, aunque puede ser la ostia. – dice Alberto.

Se pone él al volante, y Murdok, los Dizi, la mujer Surma, el Chaman y el plástico azul se amontonan en la parte trasera de la ranchera, de pie.
– Dios santo, van a cruzar.- De nuevo manos a la cabeza.

Intentad reproducir la música del Equipo A mientras leéis lo que sucede a continuación, porque juraría que esa banda sonora se creó para este momento.

M.A arranca su Toyota, pisa a fondo, los de atrás se agarran, van de pie pero a M.A parece no importarle. Sale disparado cuesta abajo de cara el río, entra a toda leche en el agua, pega un bote gigantesco con el consiguiente oleaje marrón cubriendo todo el coche (de película), las ruedas pierden el contacto con el suelo yyyyy … cagada, se queda también atrapado en medio del maldito río. Y todos mirando. El agua golpea el coche, las caras de los tripulantes de atrás…imposible de describir. Intentan saltar al agua, nadie sabe nadar en la sabana. Les ayudamos a salir haciendo una cadena humana. Primero los Dizi, luego la mujer Surma. Cada vez entra más agua porque la parte trasera es descubierta. Mientras salen todos vemos como el plástico azul empieza a flotar, empieza a desplazarse con la corriente, ya sobresale lo que son los pies por fuera del coche y cuando medio cuerpo está casi saliendo para irse del todo con la corriente, el chamán, todavía encima de la ranchera pone un pie sobre el cuerpo para pararlo.

Nunca había visto a un Surma llorando. La mujer estaba acabada emocionalmente. No paraba de llorar y de golpearse el pecho. Me vino a la mente que hacía un rato se estaba riendo por la torpe acción de M.A. al romper la luna del coche, aunque su marido ya estaba muerto e iba de camino al entierro, para lo que había tenido que hacer autostop con el muerto a cuestas. Pero ahora estaba viendo cómo el cuerpo de su marido había estado a punto de perderse río abajo. Buffffffff, qué jodido. ¿Cómo se consuela a alguien tan fuerte? Más besos.

Nuestros conductores ayudan a sacar el cuerpo y el chaman del coche. Ahora toca remolcar al coche que nos había remolcado (this is Africa, waka, waka, hey, hey)
Atamos la cuerda al coche número 1 y al Toyota Ranchera. Endalk al volante intenta sacarlo, todos de nuevo empujando cuesta arriba. El barro lo impide, todo resbala, estamos ya cansados. El Toyota, al no llevar peso de personas es volcado fácilmente por la corriente quedando ahora con las ruedas “patas arriba” mientras intentamos sacarlo y empieza a desplazarse con la corriente arrastrando también al coche 1 hacia atrás. Pego un grito a Endalk.
-Stoooooop!!!!!! Endalk para, soltemos el coche y que le den por culo. Te va a arrastrar a ti también!!!! (no sé cómo dije eso en inglés pero paró inmediatamente, soltamos la cuerda y sacamos nuestro coche del lodo a sitio seguro. El Toyota ya estaba perdido, además era del gobierno.

M.A. se había ganado su apodo, sin duda. Pero el M.A. verdadero hubiera cruzado el río.

Empiezo a pensar en buscar un lugar para dormir esa noche. Faltan dos horas para que anochezca y no pienso cruzar. Endalk me dice que nuestros coches pueden cruzar porque expulsan el agua. NO PIENSO CRUZAR. Demasiada responsabilidad. Sería absurdo. Además las lluvias ya cesaron, no puede bajar tanta agua para siempre, mañana el nivel del agua habrá descendido. Es cuestión de esperar, como todo en este continente. Esperar.

Montamos las tiendas en un lateral del camino. El grupo se lo está pasando pipa. La cocinera tira la comida y todo aquello que se echó a perder. La Surma rebusca entre los desperdicios y se queda algunas cosas para ella. Los conductores reunidos comentan la movida. Solomon está triste y avergonzado. Yo me desplazo continuamente de aquí para allá coordinando lo incoordinable, organizando el caos, por suerte el grupo es fantástico y todos colaboran. Ofrecemos una tienda a los oriundos pero prefieren dormir al aire libre.
Al muerto le da todo igual.
Cae la noche, despiertan los grillos, el cielo no se acaba, hacemos un fuego y algo de comer.

Solomon está sentado apartado charlando con Murdok, apoyando los codos en las rodillas y las manos en la cabeza. Me siento a su lado sin decir nada.
– I’m sorry Marya, I’m sorry.
– Don’t worry man. Lo importante es que no os ha pasado nada a ti y a Tagu. Todos estamos bien y no te preocupes por el grupo, míralos.- Nos giramos y los vemos bailando alrededor de la hoguera haciendo el hippie. Sonreímos cansadamente. Menos mal que hay gente guay en este mundo, pienso.

Ese día perdimos en al agua la mitad de la comida, mi mp4, el dinero de Solomon, su móvil, el papel de water, las facturas, el pan, la sal, el azúcar, la harina… pero eso no es nada comparado con su tristeza. Ese día perdió en el agua su trabajo, porque ese día decidió dejarlo (este relato es tan solo una de las experiencias, el verano ha muy sido largo). Las pocas palabras de consuelo que se me ocurrían no podían cambiar lo que ese día Solomon creyó escuchar de su Dios:
– Marya, mi Dios me dice que ya está, que lo deje. Ya me avisó antes y no le hice caso, pero esta es la última.
– Te prefiere Él en el asfalto pues?- se me ocurrió tontamente decir.
Solomon esboza una leve sonrisa de desgaste. Golpea levemente su cabeza con mi cabeza.
–Yeah, asphalt is goooood.

Durante la noche, mientras dormíamos, escuchamos un ruido de motor. Los más expectantes salimos de las tiendas. Era un tractor que venía a sacarnos (desde que los dos Nissan Patrol le avisaron hasta que llegó pasaron unas doce horas). Esto no se ha acabado todavía, pensé. Y de paso, ¿de dónde coño sale un tractor en la sabana? Una estupefacción tras otra. Bastante increíble y agotador a la vez.

Eran las dos de la madrugada. Pudimos comprobar como el agua había bajado bastante. Los rescatadores pusieron el Toyota de nuevo sobre ruedas y lo sacaron del agua en un plis plas. El Toyota era una completa chatarra, la parte superior era un amasijo de hierro. Lo sacaron del agua y lo dejaron a un lado del camino.

Nuestro coche no arrancó nunca más. El tractor lo remolcó hasta la plantación de aceite de palma que una empresa de Malasia había instalado en la sabana para hacer aceite contratando a los Surma para trabajar en ella. ¿Surmas trabajando? Como digo, una estupefacción tras otra. La mujer y su difunto marido también fueron llevados hasta la plantación y desde allí ya estarían cerca de su poblado.

Solomon se quedó en la plantación a esperar la llegada de la grúa que a través del seguro remolcaría el coche de nuevo a Addis Abeba. La grúa tardó seis días en llegar. Y otros tantos en subir de nuevo hasta Addis Abeba.

Este grupo termina su viaje tres días más tarde, un viaje que se les ha quedado grabado para siempre como he podido constatar a través del contacto mantenido por email. Todo el equipo regresamos de nuevo hacia el norte, haciendo la ruta inversa por el mismo camino, pero esta vez con el nuevo grupo que acababa de llegar desde España y a quien tuve que explicarle la escasez de comida con una historia surrealista que no terminaban de creerse.

Pasamos los días disfrutando del país, realizando las actividades más o menos con normalidad, y el día que debíamos llegar a Addis Abeba de repente vemos a nuestro coche cocina sobre una grúa, y esta parada en un lateral de la carretera a pocos kilómetros de la ciudad.

– ¿Qué coño? – El conductor y yo nos miramos con cara de “flipaos” por un segundo, bajamos del coche y nos cuenta el conductor de la grúa (un cacharro de coche) que se había “quedao tirao” y no podían venir a buscarlo hasta mañana.
Había dos cabras vivas dentro de nuestro coche cocina, cosa que sólo me sorprendió a mí, no a Endalk.

Por lo menos el nuevo grupo pudo conocer el famoso coche cocina que se perdió en el agua y pudimos ganarnos la credibilidad de todos.

Entramos a Addis (la capital diplomática de África) remolcando a la grúa que a su vez remolcaba a nuestro coche cocina, el cual llevaba dos cabras dentro asomando por la luna trasera que M.A. había roto con aquella piedra. Impagable.

– ¿Para quién son las cabras?
– Son para mi madre. Pronto es el fin de año y en la capi son muy caras.

THE END

Addis Abeba, octubre de 2010

Agradecimientos:

A Endalk, por demostrar el valor de la amistad.
A Solomon, por mantener la calma en todo momento.
A su Dios, por darle buenos consejos.
A M.A., por ser tan capullo.
Al difunto Surma, por darle el toque dramático a la historia.
Al grupo de Farangis, por disfrutar cada momento del viaje y ayudarme en todo.
Al cachondeo, por hacerlo todo más llevadero.
A mi familia, por dejarme vivir estas experiencias cada vez más interesantes.
A mis amigos, por la paciencia de leerme y porque siempre estáis ahí.
A Kananga, por meterme en líos.
A Etiopia, porque nunca te deja indiferente.
A las 2 cabras, por hacer feliz a una madre.

Aquí una pequeña grabación del momento M.A.

Etiofragio, Video by Ferran

Las fotos

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