Doctor Amor

La religión en Etiopía y su Iglesia Ortodoxa son el pilar fundamental sobre el que se ha construido la historia del país. No se concibe la cultura etíope sin su ancestral relación con santos, mártires, obispos y emperadores bendecidos por la mano de Dios, lo cual, a decir verdad, no difiere mucho de la mayoría de culturas.

Incluso el más científico de los personajes atribuye su sabiduría a la infinita generosidad de Dios.

En verano de 2010, nos quedamos estancados en el lodo de la sabana durante un día entero. Cinco coches atrancados esperando a que alguien nos viniera a rescatar. Durante la espera, no parábamos de andar de aquí para allá buscando soluciones en medio de aquel entorno caluroso pero bañado por una capa de lodo que dificultaba cualquier tarea emprendida. Como andar sobre esa espesa masa lodosa se hacía imposible porque se me hundían las piernas hasta las rodillas, pronto decidí descalzarme y andar cual Nyangatom del Valle del Omo, despojada de esas chanclas que no hacían más que entorpecer a cada paso. El suelo estaba muy blandito y fresquito así que incluso era reconfortante.

Salimos de allí y proseguimos nuestra ruta lo más normalmente que se puede esperar de un viaje de aventuras. Tras cinco días yo ya no podía apoyar un pie en el suelo. Mi pie derecho tenía la planta totalmente infectada debido a diminutos pinchos de acacia que durante aquel día en el lodo se me habían ido incrustando poco a poco en el pie sin yo percibir ni el más mínimo dolor. Pero llegó un punto en que el dolor era ya superior a las ganas de continuar haciendo trekkings y pateando los caminos de Etiopía así que, una vez en Jimma, la primera ciudad con algo de infraestructura, decidí ir al hospital a que me abrieran y curaran la planta del pie.

Endalk, el conductor que ya conocéis por la hazaña en El Muerto, me llevó en coche hasta el Saint Gabriel’s Hospital. Tras registrarme y pagar, me hicieron esperar en una sala azul llena de posters de la virgen María con el niño y Cristos crucificados. Se presenta el doctor que me iba a atender, un hombre muy amable de eterna sonrisa blanca que inicia una serie de preguntas personales, nombre, procedencia, oficio, etc., algo que no consideré fuera de lo normal. Sin embargo, la conversación tomó un giro inesperado cuando se dirigió a mí en un tono divulgador:

– Marya, ¿crees en Dios?

Miré hacia el Cristo crucificado. Tenía una cara de exagerado sufrimiento que me hacía sentir que mi herida en el pie no era nada.

– Bueno, en mi familia nunca hemos sido devotos.

– ¿No sois creyentes en España?

– Sí, sí. De hecho el 90% de la población está bautizada pero menos del 50% es asiduo a la iglesia.

– ¿Y eso por qué?

– Bueno, los tiempos cambian y las creencias también.

– ¿Creéis los españoles que Dios no existe para vosotros?

Buffff. El tema estaba ya tomando un tono personal que, según mi experiencia en un país tan religioso es mejor evitar. Nadie convencerá a nadie. ¿Qué barcelonista convencerá a un madridista de la superioridad de su equipo? Imposible.

– Marya, a pesar de que no creas en Dios como dices, “Jesus loves you”.

De repente se fue la luz.

– No te preocupes, en unos minutos volverá. Entonces te operaremos.

El doctor salió de la sala y me dejó allí, en la oscuridad, con el Cristo llorando. Al rato volvió a entrar y se sentó.

– Así que no crees en Dios… Mira, yo antes bebía y fumaba, hacía cosas malas, pero un día Dios me habló y encontré el buen camino. Hoy le estoy muy agradecido por hacer de mí un buen hombre.

– ¿Cree usted que por fumar y beber es usted malo? Será usted malo si hace cosas malas a los demás. Muchos médicos fuman y a la vez salvan vidas. ¿Qué es lo que prevalece?

– Dime una razón por la que no crees en Dios y en Jesús.

– Bueno, tengo varias. Nadie ha documentado nunca la existencia de un tal Jesús. Durante la época en que vivió existían cientos de historiadores romanos que narraban los estilos de vida de las tierras que conquistaban, describían la situación social, religiosa y cotidiana de las personas; cómo vestían, qué comían, etc. ¿No cree usted que hubiera llamado la atención a alguno de esos historiadores la existencia de un personaje que iba por ahí convirtiendo el agua en vino y multiplicando peces? Sin embargo no existe, entre más de 300 historiadores de la época, ni una sola mención histórica sobre tal personaje. Esta se creó siglos después tras varios concilios religiosos para determinar y clarificar las bases del cristianismo.

– Ese es vuestro problema. Sólo queréis saber, pura ciencia. ¿Qué hay de la fe?

– Ese es vuestro problema, sólo creéis, sin pensar de forma más empírica. Ten fe, pero ni se te ocurra pensar. Me asombra usted. Es usted un hombre de ciencias y reniega del saber científico. Sorprendente.

– Marya, tienes que saber que “Jesus loves you” aunque le ignores.

– ¿Por eso tiene esa cara? Debería pues ignorarme y amar sólo a aquellos que le aman.

– Pero esa es exactamente su grandeza. Él ama a todo el mundo y quiere salvar sus almas. ¿Qué hay de la tu alma después de tu muerte? ¿No te preocupa eso?

– Interesante. Y todo esto en un hospital donde no solo curáis cuerpos sino también pretendéis curar almas. Mire, yo no quiero ofender a nadie. Para mí la existencia de Dios es un lujo que nos permitimos porque desde que tenemos consciencia, lo cual no hace mucho, no somos capaces de admitir que somos seres vulnerables, débiles y sobre todo, no queremos admitir que somos mortales. Por ello buscamos refugio en seres superiores que nos salvaran del hecho de ser pura materia. Para mí el alma está situada en alguna glándula del cerebro. Mientras estas vivo, desprendes energía, como una bombilla, pero una vez se apaga el interruptor, la energía también se apaga, como cuando muere una estrella. Probablemente mi materia orgánica se transformará en otra materia, pero mi alma, que no es nadie sin mí, desaparece, como la luz de la bombilla cuando esta muere.

– Me gusta como piensas y veo que te preocupas por el tema. Mira, como no viene la luz tendremos que buscar alguna solución.

Doctor Amor sale de la sala y a los pocos minutos regresa con la enfermera. Entre la oscuridad aparecen de nuevo, él con la linterna del móvil en una mano y ella con una vela.

– Sí, creo que con esto bastará. ¿Te parece?

– Vale, confío en su experiencia.

– No tengas miedo, “Jesus loves you”.

– Y dale… pero quien me va a curar el pie ¿Usted o Jesús? Sinceramente, me fio más de usted.

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